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DOÑA LUCILA

  • Foto del escritor: TUCSP
    TUCSP
  • 30 ago 2020
  • 7 Min. de lectura

Maese Rocoto


El mes de agosto esta por acabar, pero es imposible para todo aquel que ha visitado nuestra ciudad no mencionar el mes de agosto sin que venga a nuestra memoria las fiestas de Arequipa y la exquisita comida arequipeña.


Si hablamos de comida arequipeña es obligatorio mencionar a Doña Lucila y no solo por su exquisita sazón sino por el cariño con el que hacia las cosas y la gran amabilidad con que recibía a los visitantes de su picantería.


Doña Lucila no hacía distinción entre personajes famosos o ciudadanos de a pie, su cocina estaba siempre abierta a recibir a aquellos curiosos que esperaban ver al menos por un breve momento a tan emblemático personaje arequipeño.


Su picantería se ubica en el distrito de Sachaca, distrito en el que vivo desde que nací y que se caracteriza por sus picanterías y su campiña. Tengo algunos vagos recuerdos de infancia en que acompañaba a mi abuela a la picantería de Doña Lucila y veía a los cuyes corriendo por entre mis pies y la cocina que funcionaba a fogón, alumbrada por un rayo de luz que ingresaba por un pequeño tragaluz.


Pasaron muchos años para que pueda volver a ir a la picantería de doña Lucila y diría que la situación en que volví marco mi vida de una manera en que nunca pensé que lo haría.



¡ESTO ES TUNA!


Ingresé a la Tuna de la Universidad Católica San Pablo en agosto del año 2009 y luego de un período de constante aprendizaje se me concedió el privilegio y la responsabilidad de portar la beca azulgrana en el pecho en setiembre del año 2010. Mi bautizo como tuno se realizó en la hermosa ciudad de Valparaíso en Chile, ciudad a la que tanto apreció Lucho Barrios y en la que siempre vinculaban a Perú con la potencia de su voz.

Cuando aterrizamos en Arequipa luego de esa enriquecedora experiencia (primer viaje internacional de la Tuna de la Universidad Católica San Pablo, en adelante TUCSP), yo estaba muy emocionado y creo que muchos tunos se van a identificar conmigo, puesto que deseaba con todo mi ser portar mi beca en todo lugar, seguir aprendiendo y poder enseñar a mis hermanos menores, los pardillos.


En ese afán, los domingos se volvieron para mi un día de tuna, un día en el que me reunía con algunos pardillos de mi tuna y aprovechábamos ese día para tomar un breve descanso de los estudios, vestirnos con el negro atuendo y salir a rondar como lo hacían los antiguos estudiantes que corrían la tuna.


Es así como en junio de 2011 (no recuerdo el día exacto) nos encontrábamos cantando por la plaza de Sachaca y les propuse a quienes me acompañaban que fuéramos a visitar a Doña Lucila a su picantería. Yo sentía que el traje me daba cierto poder, el cual consistía en abrirnos las puertas de los negocios y los corazones de la gente y con mucha alegría les comparto que no me equivoque.


Aquel domingo me acompañaban dos pardillos en ese entonces que en el presente pertenecen a la hermandad de tunos de la TUCSP, ellos fueron Maese Marcos Torrico, tuno “Mojojojo” y Maese Malcus Enríquez, Tuno “Chele”. Nos acercamos a su picantería con una mezcla de sentimientos, por un lado, el temor de que recibiéramos una respuesta negativa ante aquel atrevido pedido y, por otro lado, la emoción de poder ver a Doña Lucila en vivo y en directo y ya no a través de los especiales televisivos tan recurrentes sobre su vida y la picantería arequipeña, ambas tan ligadas, tan unidas.


Me acerque a la zona donde se encontraba la caja y para nuestra suerte se encontraba en ella uno de sus hijos, él, muy amablemente, nos dijo que si podíamos verla y que ella estaría gustosa de recibirnos y así fue. Entramos a esa cocina, hermosa, misteriosa, se podía respirar en ella la tradición picantera de la cual yo no sabía casi nada, pero de la cual aprendí mucho gracias a lo que nos transmitió aquella tarde Doña Lucila.



Nos recibió con mucho cariño y pidió que inmediatamente nos sirvieran una exquisita sarza picantera acompañada de unas deliciosas torrejitas de verduras (las mejores si me permiten opinar). Recuerdo que nos dijo que se encontraba muy alegre de poder recibirnos y nos pidió sentarnos cerca de ella. Ella presentaba ya dificultades para escuchar y nos pedía hablarle muy cerca, petición que cumplimos obedientemente y empezamos un dialogo tan fluido como si nos conociéramos de muchos años, como si el tiempo no avanzará y tuviéramos la vida para compartir las vivencias de aquella gran señora.


Recuerdo que nos narró con mucha emoción que la enorme mesa que tenía en su cocina se la había regalado el señor Prefecto de Arequipa (no me indicó el nombre) y que a su alrededor se juntaban los amigos a comer y conversar y que muchos músicos como nosotros llegaban a alegrar aquellas tertulias de tiempos pasados. Terminamos de comer y seguíamos charlando y pidió que nos trajeran una jarra de chicha y le trajeran a ella una botella de “Anís Najar”, bebida espirituosa muy popular en Arequipa. Nos pidió que tomáramos una copita que ya contenía el elixir y nos dijo lo siguiente: “El anisado prende y la chicha apaga”, dicho que yo ya había escuchado infinidad de veces por mi abuela y mi padre, dicho que tampoco era extraño para Marcos pero que si era novedoso para Malcus, quien había llegado a estudiar a Arequipa procedente de la ciudad Abancay. Gustosos obedecimos y seguimos la tertulia entre muchos “prende y apaga”. Sin darnos cuenta era ya muy noche, muy cerca ya de las 7 si la memoria no me falla. Nos despedimos y salimos de la picantería felices, extasiados, con el alma llena de alegría por haber compartido tanto con aquella noble señora de abundantes canas, pero con una juventud de espíritu y un bondadoso corazón pocas veces visto por mi persona.

Recuerdo que aquella noche había luna llena, las calles estrechas de Sachaca y las casas con algunos balcones y estructuras algunas coloniales, nos transportaron imaginariamente a las calles que recorrían antiguos estudiantes (o eso quisimos pensar) y empezamos a repetirnos muchas veces “¡esto es tuna!, ¡esto es tuna!”. Reímos y conversábamos mucho acerca de la gran experiencia que fue conocer a Doña Lucila aquella tarde. El trayecto a nuestras casas se hizo muy ameno recordando cada palabra, cada gesto, cada muestra de afecto de Doña Lucila y por supuesto, el “prende y apaga” que tal gentilmente nos había brindado.


MANOS PRODIGIOSAS HACIA LA ETERNIDAD


Luego de aquella experiencia se hizo una sana costumbre visitar a doña Lucila cada domingo, siempre que podíamos nos reuníamos vistiendo nuestros trajes y deseando poder cantarle a cambio de sus historias. Era para nosotros una alegría inmensa ver como siempre nos recibía con esa alegría enorme y como siempre nos narraba la historia sobre aquella enorme mesa que le había regalado el señor Prefecto de Arequipa y que servía para reunir a las amistades y a los músicos en amplias tertulias.


En el año 2012 tuvieron la dicha de conocerla tunos de la TUCSP como Maese Armando Salas Alarcón, Tuno “Insomnio”, Maese Joshua Aragón Chambi, Tuno “Doby”, Maese Christopher Zecevich Arriaga, Tuno “Harry Potter”, Maese Carlos Delgado Rendón, Tuno “Ben 10” y aprovechamos la llegada de un tuno mexicano y un pardillo colombiano para que también pudieran conocerla. Ellos fueron el tuno “Bulerías” y el pardillo “McGyver”, hoy Tuno “Gara” de la Tuna de la Universidad Tecnológica de Pereira.

La última visita que hicimos a su cocina la realizamos con ellos, nos volvió a contar aquella anécdota sobre la enorme mesa que le regalo el señor Prefecto de Arequipa y que reunía a las amistades de aquellos años pasados. Esa mesa nos reunía a nosotros ahora y fue tan maravilloso escucharla, fue conmovedor oírle decir que ella estaba gustosa de recibirnos en su cocina y que le pesaba no poder atendernos de mejor manera ya que se sentía cansada. Recuerdo con un nudo en la garganta como nos decía que lo que más amaba era la cocina y poder brindar sus potajes a los comensales como le había enseñado su madre. Escucharla aquella tarde nos arrancó a más de uno unas lágrimas, escucharla tan lúcida, tan viva y solo pidiendo que nuestro Señor le diera más fuerza para poder atendernos mejor fue realmente conmovedor.


Nunca sospechamos que aquellas lágrimas que soltamos ese domingo, el último del mes de setiembre de 2012, serían un presagio de lágrimas más abundantes.


Doña Lucila partió al encuentro del Señor el 16 de noviembre de 2012 y al enterarnos solo pudimos sentir una honda tristeza, aquella señora que sin querer nos enseñó mucho había partido. Nuestro Señor la quería a su lado y solo nos quedó estar muy agradecidos por haberla conocido y haber compartido con ella esas torrejitas y los “prende y apaga”.

Fuimos al entierro y fuimos punto de muchas miradas que extrañadas se preguntaban que hacían estos jóvenes tunantes en aquella despedida. La verdad es que fuimos a despedirnos de la amiga, de la madre, de la maestra, de la leyenda.


Fue para mi realmente sorprendente leer en una nota del diario La República, la cual informaba acerca del fallecimiento de tan ilustre mujer, que el periodista que redactó la nota en el año 2009 también había recibido de parte de Doña Lucila un “prende y apaga” con la frase “el anisado prende y la chicha apaga”. Mi corazón se alegro de percatarme una vez más que aquel corazón bondadoso siempre estaba abierto para el amigo, para el extraño, para el viajero.


Sirva esta breve reseña para rendir un homenaje a nuestra Doña Lucila en este mes arequipeño, sirva también para rendir homenaje a mujeres que, como ella, tienen un bondadoso corazón y reflejan la nobleza y la hospitalidad de la tierra arequipeña.

Sirva para rendir homenaje a una mujer que nos ha dejado ha e pocos días y que ha partido a la eternidad para ser también una leyenda, Doña Brunilda Domitila Camargo Vda. De Rodríguez. Ella descansa ahora en paz y siempre estará en nuestra memoria como aquella señora amable, bondadosa y que se apiado de un hermano limeño que se atrevió valientemente a comer un rocoto como si fuera una manzana, ayudándole a mitigar con un poco de hielo su sufrimiento. Su recuerdo pasará entre los miembros de la TUCSP de generación en generación y la recordaremos con una sonrisa, como sé que le gustaría.


A nombre propio solo puedo decir que le agradezco a la vida y a mi tuna haberme dado la oportunidad de conocer a grandes mujeres como Doña Lucila Y Doña Brunilda.




 
 
 

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